7 de septiembre de 2008

Feroz censura en la Wikipedia

Jorge Queirolo Bravo.

En el portal virtual de Atina Chile existe un breve artículo titulado Búsquedas en Wikipedia, fechado el 19 de agosto de 2008, que se refiere a la Wikipedia, señalando respecto de la misma, que la creación de artículos en idioma español es bastante escasa, en contraposición a lo que sucede en otras lenguas como inglés o alemán. Además se añade que la búsqueda de artículos en español sí ocupa un lugar preponderante, con un porcentaje de participación de un 30% del total. De lo que no se habla, y que pocos medios mencionan, es que la Wikipedia, especialmente en español, está administrada por un pequeño grupo de personas que ejercen una censura feroz en contra de la creación de nuevos artículos. Dichos funcionarios, virtuales todos ellos, y que trabajan con la denominación de bibliotecarios, se dedican a eliminar los artículos que no son de su gusto o preferencia, usando criterios que solamente pueden ser calificados como temerarios o altamente inapropiados, por no decir demenciales.

Es lo que justamente pasó con mi biografía. Sucede que soy escritor y en la Wikipedia existía una página que se refería a mi labor como escritor. Apareció de un día a otro y nunca supe quién realmente la creó. De a poco, muchos lectores aportaron datos y editaron la página, complementándola paulatinamente. Además se crearon traducciones de dicha biografía, aunque generalmente mucho más breves, en otros idiomas. Al final se podía leer reseñas sobre mi quehacer literario en 42 idiomas diferentes. Esto no fue del gusto de un bibliotecario obsesivo denominado Kved y al que, al parecer, no le gustaban mis libros. Éste, de un día para otro, decidió eliminar, sin fundamentos, mi página. No se contentó con eso, pues también pidió a los administradores o bibliotecarios de las páginas en otros idiomas que hagan lo mismo. De a poco lo ha logrado.

Relato esto para ilustrar al público sobre lo arbitrario del proceder de quienes tienen a su cargo la Wikipedia. Actúan de espaldas a los lectores, sin importarles si una página es requerida, leída o consultada. Aquí se trata de borrar, eliminar y censurar sin dar explicaciones coherentes, excepto esgrimir que se trata de escritos sin relevancia. Claro que eso de la relevancia lo deciden ellos mismos, los bibliotecarios, internamente y sin que nadie que sea externo tenga una injerencia real o efectiva en la decisión. Así funciona la Wikipedia: antidemocráticamente, como en las peores dictaduras.

Sobra decir que no soy el único en esta situación. Hace poco, un bibliotecario mexicano de la Wikipedia propuso el borrado de la página de la escritora chilena Carla Guelfenbein, cuyos libros están entre los más vendidos en su país. El argumento de tan ilustre bibliotecario fue que él no conocía la obra de Carla Guelfenbein. Es perfectamente comprensible que no sepa quién es y nadie, en su sano juicio, podría pretender que sea su obligación conocerla, pero eso no le confiere la razón a este individuo para eliminarla de una enciclopedia. Por suerte, éste fue uno de los poquísimos casos en que primó la razón y alguien logró convencer al bibliotecario de desistir en su irracional empeño.

Esto lo cuento porque la Wikipedia intenta dar una imagen diferente al mundo. Se presentan como si fueran una solución y un gran aporte para el que requiere información, pero detrás de eso hay una realidad que mezcla prácticas totalitarias con una incompetencia patética y mucha desinformación en los artículos. Lo peor es que los administradores o bibliotecarios se niegan a cambiar sus falencias y consideran que su sistema es el correcto. No importa. Ya llegará una enciclopedia virtual un poco más racional y mejor estructurada. Ninguna dictadura es eterna y la Wikipedia no va a ser la excepción. ¿Quién irá a ser el próximo al que le sacarán tarjeta roja? Ni los siete sabios de Grecia podrían responder esa pregunta. La Wikipedia siempre es una cajita de sorpresas, pero de las malas.

1 comentario:

Jorge Queirolo Bravo dijo...

La dictadura de los bibliotecarios

Por Jorge Queirolo Bravo

''No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero defendería hasta la muerte su derecho a decirlo''.

Cita apócrifa de Voltaire

Generalmente, al escuchar la palabra “dictador”, uno se imagina a un gobernante muy autoritario y que está en el cargo sin haber sido elegido por la vía democrática. Lo raro, es asociar dicho vocablo a un grupo de bibliotecarios. Normalmente no pasaría. Pero, como en todas las instancias, siempre existen excepciones.

Una de ellas se relaciona con lo que sucede en la Wikipedia, la enciclopedia virtual, que goza de un inusitado prestigio basado en su popularidad, gratuidad y la posibilidad de participar activamente en su redacción y escritura. Hasta ahí todo suena muy bien y atractivo. Aparentemente lo es. Lo que pocos saben, es que dicho medio, al menos en su versión en lengua hispana, está regido por un temible grupo de pequeños tiranos de mentes ratoniles y estrechas, que hacen lo que les viene en gana, sin que exista un control o alguna supervisión efectiva sobre ellos.

Son los llamados “bibliotecarios”, que de tales realmente nada tienen. Más bien deberían llamarse “censores”, ya que mantienen un mal entendido poder de veto sobre las aportaciones que hacen los usuarios, para lo cual esgrimen argumentos absurdos y muy poco convincentes. Se creen a sí mismos dueños de la verdad y actúan como si, en efecto, lo fueran. En la práctica han implementado una censura despiadada, que derriba estrepitosamente el mito de que la Wikipedia es libre, condición de la que actualmente carece por completo.

Y, como en las peores dictaduras, dichos bibliotecarios acallan violentamente a sus críticos. La diferencia estriba en que aquí a los opositores no se los envía a un campo de concentración, a una prisión remota o a un campamento de trabajos forzados. Tampoco se los condena a perecer en el patíbulo o a sucumbir en una inhumana sesión de tortura física. No, aquí se los defenestra a una especie de exilio, pero informático, lo cual se ejecuta mediante el bloqueo de la dirección IP del afectado que, audazmente, se atrevió a protestar contra las arbitrariedades de estos mal llamados administradores.

¿Qué se puede hacer contra este abuso? Dentro de la Wikipedia parece que nada, pese a que formalmente existe un mecanismo de reclamación, que no es más que un mero saludo a la bandera, que casi sin excepción termina por dar la razón a los bibliotecarios. Lo anterior se traduce en fallos internos y espurios a favor de éstos. Habría que ser demasiado ingenuo como para creer que pudiera acontecer lo contrario. ¿No será una utopía pretender algo tan descabellado, como que los representantes de la Wikipedia obren con justicia? Ellos son, simultáneamente, juez y parte, fiscal y abogado defensor de su propia causa. Desconocen el término “imparcialidad”.

Nada cambiará en la Wikipedia, a menos que los usuarios se rebelen masivamente en contra de los bibliotecarios, aunque eso es improbable pese al enorme descontento existente entre el público llano y corriente. Sería muy difícil poner de acuerdo a tanta gente diferente al mismo tiempo. El sistema administrativo de esta enciclopedia está formulado para defender a los bibliotecarios malos, mentirosos e incompetentes. Ellos se han apropiado mañosamente de los escalafones burocráticos de la Wikipedia y los manejan a su más completo antojo, para lo cual han forjado artificialmente un buen número de bibliotecarios títeres. Dicha forma de proceder, anula toda posibilidad exitosa de reclamar contra prácticas más dignas de la GESTAPO hitleriana, que de una enciclopedia que pregona a los cuatro vientos ser democrática y, claramente, no lo es.

El público lector, desde luego, no se ha quedado estático ni permanece indiferente. Se han formado varias enciclopedias alternativas para paliar la falta de libertad y democracia en la Wikipedia. Éstas, de a poco, están tomando fuerza y ganando cada día más adeptos. ¿Qué futuro tendrán en la red? El tiempo lo dirá. Mientras tanto, mejor tomo distancia de los opresores wikipedistas. No vaya a ser cosa que decidan sentenciarme a muerte por bocón, fusilándome en un paredón… virtual, por cierto.

© Jorge Queirolo Bravo

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