29 de agosto de 2008

De secuestros, memoria histórica y marchas

Adriana Mújica M.


No estoy muy segura de si fue en el 81 o en el 82, el caso es yo que trabajaba en un programa radiofónico que se llamaba “Respuestas” y que se transmitía en abc radio. De la fecha no estoy segura pero nunca en la vida he podido olvidar aquella transmisión.

Había empezado el programa como igual que siempre y, de repente, entró a la cabina un señor de poco más de 40 años. Su aspecto era sombrío, la tristeza de la mirada se mezclaba con una rabia contenida.

Empezó la entrevista. Con voz pausada a la que le costaba trabajo mantener un tono ecuánime de voz, aquel hombre, empezó a platicar la terrible historia que resumo en unas pocas líneas: su hijo Miguel Ángel era boy scout (creo que tenía como 13 años), un sábado, cinco años atrás, (al salir de la reunión scout) había sido secuestrado; fue encontrado violado y asesinado; la policía logró la captura de un par de “sospechosos” a quienes metieron a la cárcel pero … a cinco años de distancia de la detención y consignación de los “presuntos” los acababan de soltar.

Mientras daba detalles de aquella terrible historia, mantenía un tono sostenido de voz que hacía parecer que estuviera leyendo un diario. Mantenía fija la mirada en el micrófono. En los ojos parecía querer asomarse una lágrima que no se decidía a correr por las mejillas.

Al terminar la relatoría de los hechos su voz cambio y dijo (palabras más palabras menos): “Hoy las autoridades me han hecho tomar una determinación. Aún tengo otro hijo y le acabo de decir que le voy a enseñar a manejar un arma por que ya me di cuenta de que un asesino puede salir de la cárcel pero a un hijo muerto no hay manera de sacarlo de la tumba.”

En la cabina se hizo un silencio absoluto, todos nos mirábamos unos a otros, nadie sabía qué decir. El silencio fue roto cuando el operador cortó la transmisión para enviar a comerciales.

Al volver del corte, Joaquín y Pedro (los conductores del programa), le señalaron que era muy duro lo que acababa de decir y aquel señor contestó: “Sí, pero la injusticia no me deja otra alternativa si quiero que mi hijo vivo siga con vida. Esos hombres, esos asesinos, hoy irán a sus casas, regresarán a sus vidas, a lo mejor le harán a otro lo que le hicieron a mi hijo, Dios quiera que no, pero lo más seguro es que sí. Y mientras ellos están con su gente, nosotros no podemos estar con mi hijo, solamente podemos llevarle flores a una fría tumba de la que no saldrá jamás. Eso no es justo”.

Hasta allí recuerdo de aquella noche.

Hoy me viene toda la historia a la mente, cuando escucho la historia del jovencito Fernando Martí y encuentro una serie de “coincidencias”.

Por una parte está el chiquillo asesinado, por otra el padre desgarrado, por una más el mismo tipo de declaraciones de las autoridades respecto a que “habrá justicia y el caso no quedará impune”.

Me pregunto qué tipo de juego es este en que 30 años después de aquel secuestro parece que se está repitiendo la historia y, todavía más allá, me pregunto si en cinco años más el resultado será el mismo de “presuntos” que terminan siendo liberados.

Entonces pienso en la pequeña Airis Estrella, aquella bella niñita (de siete años de edad) que fue subida a una camioneta a las afueras de una tienda en Ciudad Juárez; que fue violada en varias ocasiones, terminó asesinada y “echada” a un tambo de cemento. Y recuerdo su foto y su sonrisa y la chispa en su mirada.

Y, por más que lo intento, no logro entender qué puede tener alguien en la cabeza para hacerle algo así a estos chiquillos. Y siento que me dan nauseas y que los ojos se me nublan.

Y, entonces, me acuerdo que cuando agarraron a un cómplice del asesino de la pequeña Airis el funesto personaje declaró que él no estaba de acuerdo en lo que hizo su conocido y que le había dicho que no lo hiciera pero que no se atrevió a denunciarlo por que lo tenía “amenazado”.

Y, por último, me acuerdo que cuando detuvieron al “mochaorejas”, declaró que a él le gustaría que le aplicaran la pena de muerte por que no quería sufrir estando en cautiverio para el resto de su vida.

Y, entonces, me molesta que se utilicen esos asesinatos para atacar a un político determinado y que algunas autoridades lo usen para tomarse la foto y para hacer una mega reunión rodeados de toda la seguridad del mundo para que a ellos sí no les vaya a pasar nada.

Y pienso en “Iluminemos México” organizado en el DF para pegarle a Ebrard y pienso ¿para pegarle a quién será la marcha que se hará en Morelos? ¿También para pegarle a Ebrard en su supuesta o posible carrera al 2012?

Y se me ocurre imaginarme si alguien de quienes asistan a la marcha en Cuernavaca lo hará pensando, por ejemplo, en pedir que no haya ni un secuestro o ni un feminicidio más en nuestro estado, en los que por cierto a 4 meses de que acabe el año ya casi llegamos a la misma cifra que hubo en todo 2007. ¿Alguien irá a esa marcha a pedirle la renuncia al Secretario de Seguridad Pública estatal por el caso de aquella mujer que fue secuestrada en nuestro estado, asesinada y llevada a “tirar” al estado de Guerrero? ¿Alguien asistirá a pedir acciones integrales de prevención? ¿Alguien realmente irá pensando en buscar que jamás haya otro caso como el del niño Martí, o el del niño Miguel Ángel o el de la pequeña Airis? ¿Alguien acudirá creyendo que esa marcha sacudirá a toda la ciudadanía para que el vecino, el amigo, el familiar o el cómplice del asesino lo delaten a tiempo? O, por último, ¿Alguien creerá que eso “iluminará” a los asesinos para que dejen de asesinar? Quizá les vaya a preguntar pero ojalá, por lo menos, quienes asistan lo hagan de buena fe y no manipulados por los medios ni por los grandes empresarios sino con la claridad de que, efectivamente, necesitamos sumar fuerzas contra la inseguridad, pero no con foto de evento, ni con retenes, ni criminalizando a los movimientos sociales, ni echando policías a la calle, ni contratando nuevos policías “especiales”.

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