3 de octubre de 2018

MÉXICO 1968-2018 :: Masacre en Tlatelolco.




• Provocación orquestada por el Estado Mayor Presidencial desata disparos sobre la población.
• Una bengala sirvió de señal para que comenzara el ataque.
• 44 muertos, dice la Sedena; entre 150 y 200: NSA.
• “El culpable soy yo”: GDO; “No pido perdón ni me lo doy”: LEA.
• Castigo a los responsables, exigen miles de personas en todo el país.

La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
para que nadie viera la mano que empuñaba el arma,
sino sólo su efecto de relámpago.

Rosario Castellanos.
 

La tarde de ayer, mientras se llevaba al cabo el mitin convocado por el Consejo Nacional de Huelga en la Plaza de las Tres Culturas, al que acudieron entre 5 mil y 6 mil personas, a decir de las estimaciones más conservadoras, y, según otras fuentes, alrededor de 15 mil, soldados que desde un inicio habían estado apostándose en las inmediaciones de la plaza avanzaron sobre la población civil allí reunida y terminaron disparando en su contra.

Gracias a testimonios de quienes sobrevivieron y pudieron escapar a lo que a todas luces figura como una masacre, a eso de las 6:10 de la tarde, cuando el mitin estaba por concluir, pues se temía justamente que se acometiera un acto represivo propio de la escalada que habían emprendido las Fuerzas Armadas en Ciudad Universitaria, Zacatenco y el Casco de Santo Tomás en fechas recientes, un helicóptero de esos de burbuja sobrevolaba la plaza mientras del edificio de Relaciones Exteriores (hoy, sede del Centro Cultural Universitario Tlatelolco) fue lanzada una luz de bengala que cayó a un costado de la torre de la iglesia de Santiago Tlatelolco. Los soldados, que habían estado llegando desde antes que el mitin iniciara a las 17:30 horas, avanzaron sobre la plaza de un modo parecido a como habían hecho la madrugada del 28 de agosto en el zócalo capitalino; pero esta vez sin aviso previo de disolución.

Dos nuevas bengalas, lanzadas al parecer de un segundo helicóptero que igual sobrevolaba la plaza, sirvieron de señal para que decenas de carros militares se estacionaran entorno a la misma y una cantidad indescifrable de soldados (hay versiones que hablan de 5 mil efectivos militares, mientras otras de hasta 10 mil) saltaran de ellos con ametralladoras y fusiles con bayoneta calada. De uno de los departamentos del edificio Chihuahua, aledaño a la improvisada tribuna desde la cual los oradores (casi todos ellos representantes de sus escuelas en el CNH) habían comenzado a indicar el retiro de la plaza para no caer en provocaciones, así como la suspensión de la manifestación al Casco de Santo Tomás; de uno de esos departamentos, decíamos, alguien comenzó a disparar sobre la multitud apuntando indiscriminadamente en contra de civiles y de militares. Estos últimos respondieron al ataque, que pronto se generalizó desde otros departamentos, azoteas de edificios aledaños y el mismo techo de la iglesia, por francotiradores vestidos de civil.

¿Y a esa luz, breve y lívida, quien?
¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos? ¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?
¿Quién? ¿Quiénes? Nadie.
 
Rosario Castellanos.

Oriana Fallaci, la ex partisana italiana que como corresponsal de guerra cubriera buena parte de los conflictos de la segunda mitad del siglo pasado, destacándose por sus entrevistas a personajes como Kissinger, Gaddafi, Fellini, Arafat, Indira Gandhi, Golda Meir, Mao Tse Tung o los Kennedy, y que unos años antes de morir de cáncer de mama se granjeara acusaciones y denostaciones de todo tipo por sus ataques al Islam con motivo del 11-S en Nueva York, escribió que había llegado a la plaza 15 minutos antes de las 5 de la tarde, subió a la terraza del tercer piso del edificio Chihuahua donde se sorprendió, dijo, de encontrar sólo a unos cuantos de los líderes del CNH: “Uno de ellos, que se notaba muy nervioso, dijo que se había demorado porque carros blindados y camiones llenos de soldados estaban desalojando a la gente de la plaza”.

En un inicio, la Procuraduría General de la República ha señalado a los mismo estudiantes como autores de los disparos; había, según el libro blanco del 68, “grupos juveniles armados y francotiradores, casi todos estudiantes”. Sin embargo, éstas acusaciones no han podido ser sustentadas en prueba alguna; no pasa así con la afirmación por parte de activistas, luchadores sociales y personas que sobrevivieron, acerca de que tanto los francotiradores como quienes portaban metralletas y pistolas automáticas eran agentes del gobierno.

El mismo secretario de la Defensa Nacional, el general Marcelino García Barragán, luego de su conferencia de prensa de hoy, en la que aseguró que: “Se ordenó un dispositivo para evitar que los estudiantes fueran del mitin de Tlatelolco al Casco de Santo Tomás”, que “el Ejército intervino en Tlatelolco a petición de la policía y para sofocar un tiroteo entre dos grupos de estudiantes”, que el comandante responsable era él y que no se decretaría estado de sitio porque “México es un país donde la libertad impera y seguirá imperando”, y de amenazar que se actuaría igual si “aparecen más brotes de agitación”, declaró que ayer por la mañana, unas horas antes de que una comisión de estudiantes formada por Luis González de Alba, Gilberto Guevara Niebla y Anselmo Muñoz se entrevistara con los representantes del presidente de la República, Andrés Caso Lombardo y Jorge de la Vega Domínguez, estaba en su despacho “planeando la forma de terminar con el movimiento” cuando llegó Fernando Gutiérrez Barrios, jefe de la Dirección Federal de Seguridad, al que le preguntó si se podrían encontrar departamentos vacíos en el edificio Chihuahua para meter una compañía. “En media hora –dijo García Barragán– tenía conseguidos tres departamentos vacíos a mi disposición, uno en el tercer piso y dos en el cuarto piso; serían las 11:00 […] Mi plan consistía –continúa García Barragán– en aprehender a los cabecillas del movimiento, sin muertos ni heridos; estos tenían cita a las 4 de la tarde en el tercer piso del edificio Chihuahua […] Terminamos el plan a las 2 de la tarde y lo traducimos en órdenes que se cumplieron a las 15:30 […] El capitán Careaga, faltando 20 minutos, estaba acantonado en los departamentos […] el coronel Gómez Tagle a las 15:40 estaba con su Batallón Olimpia, con su dispositivo para tapar todas las salidas del edificio […] a las 4 de la tarde ya estaban todos en los balcones del tercer piso”.

Según también el general García Barragán, el general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial “mandó apostar en los diferentes edificios que daban a la plaza diez oficiales armados con metralletas, con órdenes de disparar sobre la multitud allí reunida”; esos fueron los autores de “algunas bajas entre gente del pueblo y soldados del ejército”, dijo. Desde la terraza del tercer piso, Félix Fuentes, reportero del diario La Prensa, señala: “abrieron fuego agentes de la Dirección Federal de Seguridad y de la Policía Judicial del Distrito […] esperaban la llegada del ejército para emprenderla contra los líderes estudiantiles”. Fallaci, secundó: “Se escuchó un fuerte ruido en las escaleras. Estaban disparando y fuimos rodeados por policías vestidos de civil. Cada uno de ellos tenía un guante o pañuelo blanco en su mano izquierda, para que pudieran reconocerse. Saltaron sobre los dirigentes estudiantiles y sobre mí. Luego, la policía nos ordenó que permaneciéramos tendidos sobre nuestro estómago. La única manera que uno podía protegerse de las balas que provenían de arriba era cubriéndose detrás de la pared frontal de la terraza. De ese modo, la policía usó esta barrera de seguridad, nos colocó a los arrestados, a lo largo de la pared opuesta, donde nos encontramos expuestos a las balas. Estuvimos tendidos ahí cerca de una hora. Cada vez que hacíamos un movimiento, disparaban sus armas contra nosotros.”

Al día siguiente, nadie. La plaza amaneció barrida;
los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo.
Y en la televisión, en el radio, en el cine no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un minuto de silencio en el banquete.
Pues prosiguió el banquete.

Rosario Castellanos.

García Barragán, aceptará que “a los primeros disparos el Batallón Olimpia se replegó en las entradas del edificio Chihuahua y aprehendió como a 400 individuos, entre los que se encontraron todos los cabecillas del movimiento, descabezándolo con este hecho, que fue el éxito completo de mi plan”. Y agregará que “como a las 7:30 de la noche me habló el general Mazón, para pedir permiso para registrar los edificios donde había francotiradores, lo autoricé y como a los 15 minutos me habló el general Oropeza [para decirme]: ‘Mi general, tengo varios oficiales del Estado Mayor Presidencial apostados en algunos departamentos, armados con metralletas para ayudar al ejército con órdenes de disparar a los estudiantes armados, ya todos abandonaron los edificios, sólo me quedan dos que no alcanzaron a salir y la tropa ya va subiendo y como van registrando los cuartos temo que los vayan a matar, ¿quiere usted ordenar al general Mazón que los respeten?”. García Barragán transmitió la petición y Mazón confirmó haber encontrado a los dos hombres armados con metralletas.

En la plaza, mujeres, niños, jóvenes y adultos corrían despavoridos en medio de las balas; algunos se tiraron al suelo, otros buscaron protección en las escalinatas o entre los vestigios prehispánicos; otros más se escondieron debajo y detrás de los automóviles estacionados o intentaron refugiarse en los departamentos dentro de los edificios. Mucha gente, como el joven actor Eduardo López Martínez, también conocido como Lalo “El Guajolote”, logró huir por el costado oriente de la plaza; otras personas se toparon con columnas de soldados que empuñaban sus armas a bayoneta calada y disparaban a todas direcciones. Las menos afortunadas quedaron tendidas en el suelo, muertas o heridas; entre ellas estaba el historiador Humberto Musacchio.

El fuego intenso duró aproximadamente 30 minutos. Luego los disparos disminuyeron pero se mantuvo el tiroteo hasta las 20:30 horas. En ese lapso se evitó que las ambulancias de la Cruz Roja y la Cruz Verde llegaran a la Plaza de las Tres Culturas. A las 21:00 horas, varios edificios habían sido ocupados por la tropa y algunos otros estaban siendo cateados. Los elementos del Batallón Olimpia, vestidos de civil y con su pañuelo o guante blanco como distintivo, no dejaban de gritar: “¡Batallón Olimpia, no disparen!” Cientos de personas con las manos en alto fueron conducidas por los soldados hasta el muro sur de la iglesia de Santiago Tlatelolco. Todas, salvo los fotógrafos y periodistas que pudieron identificarse, estaban detenidas. Unos 300 tanques, unidades de asalto, jeeps y transportes militares, tuvieron rodeada la zona, de Insurgentes a Reforma, entre Nonoalco y Manuel González.

En las instrucciones de la Secretaría de la Defensa Nacional se indica que el dispositivo del que habla el general García Barragán se denominó Operación Galeana (nombre con el que se conocía a la casa del mismo secretario de Defensa), que estuvo al mando del general Crisóforo Mazón Pineda y que la conformaron tres agrupamientos, además del Batallón Olimpia (el cual estuvo al mando del coronel de infantería Ernesto Gutiérrez Gómez Tagle). El general Mazón emitió un reporte del personal militar muerto y herido en esta operación: un muerto y 16 heridos, entre los heridos mencionó al general José Hernández Toledo, comandante del Primer Batallón de Fusileros Paracaidistas y posterior comandante de la llamada Operación Cóndor (cuyas similitudes con el Plan Cóndor que orquestarían las dictaduras militares del Cono Sur no son sólo de nombre y que estuvieran comandadas por militares destacados por sus labores represivas, como el divisionario Roberto Heine Rangel, persecutor de la guerrilla en Guerrero, y el general Manuel Díaz Escobar, futuro creador de “Los Halcones”; sino que su motivación inicial fue “combatir al narcotráfico”, justificar la violación de derechos humanos en nombre de la seguridad nacional y terminar implementando sus métodos criminales en contra de las y los luchadores sociales que con anterioridad habían sido convenientemente criminalizados).

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres...
No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.
Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad...
Recuerdo, recordamos.

Rosario Castellanos.

Los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga, capturados en la terraza del edificio Chihuahua o en departamentos desocupados violentamente por unidades del ejército, del Batallón Olimpia y de la Federal de Seguridad, serían reunidos en grupos en la planta baja de cada edificio y posteriormente trasladados al Campo Militar No. 1. Por órdenes del general Raúl Mendiolea Cerecero, subjefe de la policía capitalina, los hospitales de la Cruz Roja y de la Cruz Verde, así como la información sobre heridos y muertos, quedaron bajo estricto control policiaco. Luego, conforme otros hospitales se fueron llenando de heridos y muertos, la vigilancia se extendió también a estos.

Oficialmente, se contabilizaron 39 muertos civiles; después se hablaría de un total de 44 personas que habían perdido la vida; sin embargo, el general Alberto Quintanar reveló que “entre ocho y nueve camiones de redilas, sin logotipos, se utilizaron para sacar de Tlatelolco los cuerpos de quienes murieron”; los transportes eran similares a los que utiliza el servicio de limpia del DDF, la oficina que dirige el general Manuel Escobar Díaz. Así, las cifras de las personas asesinadas y heridas comenzarían entonces una danza que a la fecha no termina. Por ejemplo, John Rodda, periodista de deportes del diario británico The Guardian que vino a México para cubrir las Olimpiadas, reportó con base en lo que presenció y en entrevistas que realizó un total de 325 personas muertas; Fernando M. Garza, a la media noche por insistencia de periodistas extranjeros, en su calidad de director de prensa y relaciones públicas de la Presidencia, dijo que la intervención militar en la Plaza de las Tres Culturas “acabó con el foco de agitación que ha provocado el problema”, y habló primero de siete muertos y luego de 20. El Día contó 30 cuerpos. Siempre! Contó 40. El Consejo Nacional de Huelga, dijo que 150 civiles y 40 soldados habían resultado muertos. “Ninguno”, dijo el general José Hernández Toledo. Por su parte, Archivos de Seguridad Nacional, algunos de cuyos documentos (generados por el FBI y la CIA, entre otras agencias de inteligencia estadounidenses) han sido desclasificados por Washington, reporta que la embajada de Estado Unidos en México cifró entre 150 y 200 las personas que perecieron en la Plaza de las Tres Culturas, comparando el acto con la masacre de Tiananmen, en Pekín.

Gustavo Díaz Ordaz, en la misma tónica de la PGR y de su vocero (obvio), responsabilizó de los hechos a grupos de una “conjura comunista”; discurso muy ad hoc con los dictados de la Agencia Central de Inteligencia, la CIA, cuyo director, Winston Scott, es tan anticomunista como el presidente Peña… Díaz… perdón: Peña también es anticomunista, pero ya claudicó como presidente. No sería extraño que Díaz Ordaz pensara así. Junto con Luis Echeverría Álvarez, secretario de Gobernación; el general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial; Fernando Gutiérrez Barrios, jefe de la Dirección Federal de Seguridad; Antonio Carrillo Flores, secretario de Relaciones Exteriores; Joaquín Cisneros, secretario particular de Díaz Ordaz; Emilio Bolaños, sobrino del presidente; Humberto Carrillo Colón, agregado de prensa de la embajada de México en Cuba, y Miguel Nazar Haro, el agente de la Federal de Seguridad encargado de vigilar a los diplomáticos cubanos y soviéticos en México, y fundador de la Brigada Blanca; junto con ellos, decíamos, GDO está al servicio de la CIA como parte de la Operación Litempo.

Dicha operación, según informes desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos, el libro Our Man in México, de Jefferson Morley, y el documental La conexión americana, producido por Carlos Mendoza, director de Canalseisdejulio, existe desde por lo menos la presidencia de Adolfo López Mateos, quien recibía 400 dólares mensuales como agente de la CIA bajo las claves Lisensor o Litensor; mientras los demás funcionarios “trabajan” con la clave Litempo. Díaz Ordaz, por ejemplo, es Litempo 2, en tanto su secretario de Gobernación, Luis Echeverría, cobra como Litempo 8. Sin embargo, el gobierno no ha podido demostrar sus aseveraciones respecto a “la conjura comunista” que pretendía “boicotear los Juegos Olímpicos”; más bien al contrario: lo único que ha quedado de manifiesto es su paranoia.


Esta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordemos
hasta que la justicia se siente entre nosotros.

Rosario Castellanos. 

Según el informe de la PGR conocido como Libro Azul, escrito por el procurador Julio Sánchez Vargas, a eso de las 23:00 horas “se volvió a sentir, una vez más, un nutrido tiroteo proveniente de diferentes edificios; principalmente: Aguascalientes, Revolución 1910, Molino del Rey, 20 de Noviembre, 5 de Febrero ISSSTE, Chamizal y Atizapán.” Todos estos edificios, más el Guelatao y Churubusco, fueron cateados “como consecuencia de la información que se recibió, en el sentido de que algunos departamentos que permanecían cerrados en los edificios de nuestra zona de responsabilidad, se notaban movimientos sospechosos.” Después de esto, se concluyó el desalojo de heridos y muertos; así como el rastreo de más personas escondidas que terminaron siendo arrestadas.

Será el general Javier Vázquez Félix quien estará a cargo de las “acciones de limpieza”, como parte final de la Operación Galeana: recoger cadáveres (justamente éste personaje es quien maneja cifras de entre 44 y 46 personas muertas), retirar evidencias de la masacre y coordinar las tareas con el departamento de limpia del DDF. Las cifras de detenidos, como las de muertos y heridos, son otro danzar en medio de la incertidumbre, la falta de transparencia y el cubrirse las espaldas unos a otros por parte de los militares y funcionarios del gobierno federal. Fernando Gutiérrez Barrios reporta 1, 043 personas detenidas, de las cuales 363 fueron a parar al Campo Militar No. 1; 83, a la Jefatura de Policía, y 597 entre la Cárcel Preventiva y la Penitenciaría. El general Crisóforo Mazón, habla de 2, 360. Las procuradurías General de la República y del D.F. registran 1, 650. Y diversas listas encontradas en el Archivo General de la Nación dan cuenta de sólo 977.

¿Es éste un crimen de Estado? Todo indica que sí. Tras la masacre, el Senado se apuró a “justificar plenamente” la Operación Galeana y durante el quinto informe de gobierno presidencial la mayoría priista se levantó y durante 128 segundos aplaudió de pie a Gustavo Díaz Ordaz. José Gil Olmos nos cuenta que los pocos legisladores del PAN y del PPS que ya entonces ocupaban una curul secundaron los aplausos de los priistas. Fue en medio de ese contexo que lanzó su mea culpa (supongo que es algo así como orinarse encima de la historia): “Por mi parte, asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política, histórica, por las decisiones del gobierno” en relación con los sucesos del pasado 2 de octubre. Al contestar el informe presidencial, el diputado priista Luis M. Farías no se quedó con las ganas y dijo: “Cuando usted ha considerado necesario limpiar la casa, lo ha hecho sin temor a la crítica y la incomprensión […] De la misma manera en que ha resistido los embates del insulto y de la insidia, sin que el odio anidase en su pecho, así también ha sabido resistir el halago, la adulación y la lisonja, sin que la vanidad ocupe lugar alguno en su espíritu. Ese espíritu que ha revitalizado su fuerza moral y física”. Sí, como afirma Gil Olmos, el Poder Legislativo mexicano exoneró de la matanza a Díaz Ordaz, a Luis Echeverría Ávarez y a los mandos del Ejército.

No sería el único. La burla la completó el Poder Judicial con procesos que derivan en condenas de tres a 17 años de prisión, donde la mitad de los detenidos fueron sentenciados a penas mínimas de 10 años; por delitos como incitación a la rebelión, asociación delictuosa, sedición, daño en propiedad ajena, ataque a las vías de comunicación, robo, despojo, acopio de armas, homicidio y lesiones. La consigna, registra Jorge Carrasco Araizaga, era clara: a quienes no fueran miembros del CNH o de la Coalición de Maestros o del PCM, se los ponía en libertad; los otros fueron consignados de inmediato. Eso ocasionó que muchas personas fueran detenidas sin que mediara orden de autoridad competente y que terminaran siendo remitidas a la PGR por la Dirección Federal de Seguridad o, como en el caso de Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, sacados de la Penitenciaría, entregados a elementos militares, ingresados al Campo Militar No. 1 y ser sujetos a tormentos, sin que nadie hiciera caso de sus denuncias.

El rompecabezas de la impunidad lo completarían los poderes fácticos de la Iglesia católica, a través del Opus Dei y el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, el MURO (organización de fachada de la ultraderechista El Yunque y de la cual saldrían quienes fundaron el Comité Nacional Provida y Desarrollo Humano Integral y Acción Ciudadana, DHIAC, así como la Unión Nacional de Padres de Familia), y la mayoría de los medios de comunicación impresos y electrónicos, cuyos dueños decidieron defender el bazucazo en la Preparatoria 1, la escalada represiva que hizo acto de presencia los días 27 y 28 de agosto en el zócalo y las ocupaciones militares de Ciudad Universitaria, Zacatenco y el Casco de Santo Tomás, y aplaudir la masacre de ayer. Como dijera Rosario Castellano en los retazos del poema suyo que ha acompañado esta bisoña crónica: “los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo. / Y en la televisión, en el radio, en el cine no hubo ningún cambio de programa, / ningún anuncio intercalado ni un minuto de silencio en el banquete. / Pues prosiguió el banquete.

Colofón.

De todos modos aquí seguimos,
en la espera del sol,
sabemos que pronto llegará,
somos pacientes, no corremos
porque el premio vendrá al amanecer.
No nos haremos viejos y no moriremos.
Y si el cuerpo envejece,
nosotros sabemos ver el alma joven.
Y si morimos,moriremos con la frente en alto,
Orgullosos de saber que los que vienen
sabrán compartir lo logrado
y comprender nuestra larga lucha
y la espera del amanecer.

Fátima Álvarez.

Tenemos, a pesar de todo, confianza de que dentro de 10, 20, 30, 40, 50 ó 60 años la pesadilla acabe. Hoy, octubre de 1968, padecemos un gobierno de asesinos que se cubren las espaldas unos a otros. No hace sino apenas un año que Ernesto “Che” Guevara fue asesinado en Bolivia. En enero, Checoslovaquia y Argentina iniciaron procesos harto interesantes de liberación con la Primavera de Praga y la fundación del Partido Comunista Revolucionario y recién en febrero se ha autorizado la enseñanza del euskera en San Sebastián. Vietnam resiste heróicamente la invasión de Estados Unidos y Cuba construye un ejemplo de dignidad para todos los pueblos de Latinoamerica y el mundo en medio de un bloqueo económico criminal. En París y Tokio la rebeldía se ha echado a andar y será muy difícil que se la detenga. Y, aunque el papa Pablo VI prohiba el uso del condón ya se comienzan a expresar otras voces dentro del catolicismo, como la de don Sergio Méndez Arceo, hacia la construcción de un mundo nuevo y mejor.

Estamos convencidas, convencidos, que dentro de cinco o seis décadas el sistema de partido de Estado no existirá más en México; ni eso, ni una simulación que se esconda tras lo que alguno pueda llamar “alternancia en el poder”. En los albores… uff, como dijera Ricardo Rocha: mejor, en lugar de “albores”, digamos en los comienzos, no vaya a ser que nos caiga la sal… en los comienzos, decíamos, del Siglo 21, México no tendrá un presidente (mucho menos dos y que de los dos no se haga ninguno) que en el improbable caso de que algún joven inteligente le grite “espurio” autorice que agentes de la policía o el Estado Mayor Presidencial lo detengan y lo remitan sin orden de arresto ni cargos de por medio a agencia alguna del Ministerio Público; no habrá jefes de gobiernos que se digan de izquierdas y que ordenen a sus policías vestirse de civiles y que sin identificarse infiltren manifestaciones de jóvenes y “detengan”, más bien: secuestren, a dos que tres muchachos, les den una considerable dotación de golpes y luego los tilden de “provocadores”; y, ni uno ni otro, ni el presidente ni el jefe de gobierno, harán lo uno y lo otro en medio de conmemoraciones y discursos de ésta y otras masacres desplegadas en contra de movimientos que se levanten por libertades democráticas.

Dentro de cinco o seis décadas, cuando el calendario rebase la cuenta del segundo milenio, México no tendrá, como ahora, 1968, medios de comunicación rastreros ni lambiscones del poder, sino cuidadosos de sus noticias y de su programación porque entenderán que son copartícipes de la grandeza o estupidez que impere en este país; no tendrá, ni mucho menos, un rector universitario que luego de encabezar el encarcelamiento y la expulsión de cientos de estudiantes progresistas se haga el amnésico y honre la memoria del ingeniero Barros Sierra; no habrá gobernadores autoritarios que se sientan orgullosos de contar con policías asesinos y violadores de luchadores y luchadoras sociales y tengan el descaro de tomarse la foto del recuerdo para decir: “Nunca más una masacre como la de 1968”; no habrá presas políticas ni presos políticos en las cárceles que, además hayan sido enviados a prisiones de alta seguridad y purguen condenas que ni siquiera hayan recibido los criminales más desalmados.

Dentro de 50 ó 60 años, la humanidad no tendrá la desvergüenza de organizar unos Juegos Olímpicos o una Copa Mundial de Futbol en medio de la miseria, la explotación y la represión, como ahora, en 1968; el ejemplo del “Che” habrá cundido en todo el continente americano y si llegara a gobernar en la Bolivia que lo viera morir un indígena, nadie echaría mano de argumentos racistas para denostarlo, ni impediría su política agraria y de nacionalización de recursos naturales, porque entendería que cuando está bien todo mundo y no sólo unos cuantos, están bien hasta los que son unos cuantos; los procesos revolucionarios en Europa del Este y Sudamérica se volverán moneda corriente y seremos testigos de gobiernos encabezados por gente honesta y no por especuladores del deporte o familiares de algún personaje asesinado por militares que luego se asocie con esos mismos militares para reprimir a sus pueblos originarios; la construcción de autonomía e independencia de los pueblos hará posible no sólo que se autorice la enseñanza en palabra digna y verdadera, sino que su lucha sea apoyada por jueces y magistrados que no podrán ser tan caraduras como para juzgar dictadores y ordenar el cierre de periódicos que se editen en una lengua que no sea la suya; Estados Unidos no habrá repetido la canallada de invadir otra nación, por pequeña que sea, y levantará el infame bloqueo que hoy, 1968, mantiene contra nuestras hermanas y hermanos de los pueblos de Cuba y Venezuela; Europa y Asia serán tan dignas y gigantas que abrirán sus puertas a todo el mundo, porque entenderán que las fronteras no se hicieron para las personas, y la Iglesia católica será finalmente fiel a la palabra y al ejemplo de Jesucristo, mirará por quienes menos tienen, luchará a brazo partido por su libertad y levantará en alto las banderas del amor al prójimo sin cortapisas ni hipocresía.

Estamos convencidas, convencidos, por último, que quienes ahora, en 1968, han padecido la persecución, la represión, la tortura, la desgracia de ver caer muertos a sus amigos y familiares, no se traicionarán codeándose con los asesinos de ahora; no contratarán a Nazar Haro como asesor, o harán coordinador de algún frente político de izquierdas al demagogo de Porfirio Muñoz Ledo, o querrán que el represor Manuel Bartlett sea director de alguna paraestatal estratégica como Comisión Federal de Electricidad; no formarán partidos políticos que miren con buenos ojos tejer alianzas con los criminales del PRI o los saqueadores del PAN o la ultraderecha del PES. Pero, sobre todo, no evitarán mirar ante crímenes como éste, ni se quedarán calladas o callados si esta historia llegara a repetirse en una plaza, un pueblo.

Estamos convencidas y convencidos de ello, porque de otra manera sabrán que sobre sus hombros caerá todo el peso de la vergüenza, de la deshonra, pues no serán sino traidores, sátrapas que no merecerán ser llamados herederas ni herederos de este sueño que hoy el Poder pretende convertir en pesadilla, y que tarde o temprano, cuando cobremos la afrenta de hoy, también tendrán que pagar su cuenta pendiente con la historia.



(Con información de Cronología del movimiento estudiantil mexicano de 1968, de Consuelo González; los blogs Registro de los muertos de Tlatelolco y Mujeres Sin Miedo: Todas somos Atenco; el suplemento especial de La Jornada 2 de Octubre 1968-2008; el libro 1968. Los archivos de la violencia, de Sergio Aguayo Quezada; los documentos desclasificados de The National Security Archive sobre México; Tlatelolco 68. La Impunidad, Edición especial 23 de Proceso, y la revista Generación Z No. 1; e imágenes de La gráfica del 68. Homenaje al Movimiento Estudiantil, editado por el Grupo MIRA, y el sitio web Las fotos de la matanza del 68).

1 de octubre de 2018

2 de octubre no se… ¿qué?

No es lo que pasó, pasó,
o lo que pasó, pasa hoy.
No es dizque de donde vengo,
ni quesque pa’ donde voy.
Soy un sesentayochero,
Sesentayochero soy.

Desde el reproductor, la voz de Lalo “El Guajolote” se escapa por entre las rendijas de las pequeñas bocinas que custodian la pantalla del ordenador; no lo hace sola, la acompaña una su carnalita que suele habitar la garganta de Enrique Ballesté, aquél que escribiera que “eso de jugar a la vida, es algo que a veces duele”.

Con las manos encima del teclado y la mirada sobre el monitor, leo y releo la que hubiera sido la última entrega de un artículo que había escrito sobre el noveno aniversario de La Jornada Morelos, cuando la autocensura ocupaba en aquella mi casa un lugar privilegiado junto a la intimidación y el asesinato de periodistas en manos del narcotráfico; la cancelación de propaganda gubernamental para golpear la economía de algún medio incómodo; el cierre de ediciones radiofónicas o, de plano, el despido de sus conductoras cuando la dignidad anida en su palabra, y el secuestro con patente de corso expedida por una Corte, que dice ser Suprema y dice ser de Justicia, de periodistas honestas.

No tiene sentido ocupar un espacio, privilegiado sin duda, para quejarme por enésima vez de algún formador o formadora que cambia impunemente los títulos de mis artículos, los pasa por la guillotina de su ignorancia o prefiere guardarlos en el cajón de su ineptitud y falta de oficio periodístico que publicarlos; sólo porque mi pluma señala la mentira, la hipocresía y la contradicción sistemática de un movimiento y un su líder que se dicen de izquierdas mientras callan ante la militarización, el despojo, la calumnia, la represión, el hostigamiento, las sentencias a cadena perpetua y el asesinato de hombres y mujeres cercanos a los pueblos indígenas zapatistas; no tiene sentido.

Mejor aprovecho que el patetismo y esa pulsión de muerte que se destila hasta en nuestras canciones rancheras ha hecho del 2 de octubre el día nacional del derrotismo nuestro. ¡Qué viva el culto a la pesadilla y la vocación de fracaso! No vaya a ser que la memoria se sacuda el melodrama con que Televisa y TV Azteca nos estupidizan y recordemos que hace 50 años en este país asomó la posibilidad de construir un mundo nuevo y mejor en asambleas multitudinarias de estudiantes, maestros, padres de familia y trabajadores; en brigadas de información que hacían del volanteo, la canción y el teatro armas más peligrosas que las bazucas y las bayonetas, porque sembraban conciencia; en manifestaciones que protagonizaban lo mismo mujeres gigantas con niños a cuestas que burócratas insumisos.

Mejor el llanto, las veladoras en las plazas, los poemas lúgubres y el performance sanguinolento; que la alegría, la fiesta y la reflexión de lo que se hizo bien entonces para repetir la experiencia. Mejor el terror, el miedo soplando en la nuca diciendo: “no hables, no cantes, no bailes, no escribas, no te quejes, no protestes, no te organices, no salgas a la calle, no tomes la plaza”; que descubrir que el preso político de hace cinco décadas se convirtió en funcionario de gobiernos priístas (es decir, criminales), asesor de administraciones panistas (léase, fascistas), legislador perredista que cuando no comete “errores tácticos” vota por leyes que ni siquiera ha leído o todos los anteriores en su versión morenista, es decir: lopezobradorista, es decir: amnésica.

¿Y si mejor no? ¿Qué si opto por pensar en “El Sebas” llegando la tarde del 27 de agosto de 1968 al zócalo capitalino con el corazón latiéndole tan fuerte que pareciera que no le cupiera en el pecho, y no en las tanquetas que unas horas más tarde saldrían de Palacio Nacional para arrasar con él y todos sus compañeros? ¿Qué si decido recordar a Alfonso gritando al día siguiente: “no vamos, nos llevan”, cuando el DDF lo obligó a dizque desagraviar una bandera que se atoró en el asta poniéndose de luto, y no a los trabajadores de limpia intentando lavar la sangre que el 3 de octubre servía de alfombra en la Plaza de las Tres Culturas?

Prefiero, mil veces, imaginar a Lucía, hermana de lucha de Olivia “La Güera” Ledesma, marchando en silencio la tarde del 13 de septiembre asida a su inseparable bastón; que a los curas que cerraron a piedra y lodo la iglesia de Santiago Tlatelolco para que no entraran quienes buscaban guarecerse de las balas el 2 de octubre; traer a la memoria a Nicolás gritando ¡Viva México! en Ciudad Universitaria junto con Heberto Castillo, que mirarlo de nuevo secuestrado en Lecumberri como ví después a Nacho del Valle en el penal del Altiplano, o escuchar al Edupoz y al Churro guitarra en ristre y canto en astillero, que verlos perseguidos por los soldados de un ejército que se dice mexicano a tan sólo diez días de que comenzaran las Olimpiadas.

Eso prefiero…

Cada vez menos pequeños,
cada quien su cada cual;
de utopías y de sueños
vamos cargando un morral:
somos tzotiles-defeños
en Tlatelolco y Acteal.

29 de septiembre de 2018

JOSÉ REVUELTAS :: ¿Podrán detener el tiempo de la historia?


La siguiente es una versión resumida de la transcripción literal, hecha por el propio autor, de los apuntes que le sirvieron para pronunciar un discurso en la audiencia celebrada en la cárcel preventiva de la Ciudad de México, entre el 17 y el 18 de septiembre de 1970, previa a la sentencia dictada contra los dirigentes del movimiento estudiantil de 1968, publicada por la revista Proceso en su número 1665. Cualquier parecido con la actualidad, algún ligero aire de que estas mismas palabras podrían ser usadas por los cientos de pres@s polític@s que hay en todo el país, NO es mera coincidencia.

Han de excusarme porque me dirija a ustedes sin darles el trato que corresponda a su investidura. Por más esfuerzos que he hecho para encontrar la definición, no he podido dar con ella racionalmente, ni me puedo explicar nada de cuanto sucede, qué es y a qué obedece.

Creo que el derecho a la duda lo he conquistado en el lapso de casi dos años que llevo preso y en que, después del acto de formal prisión, no se me ha llamado a ninguna audiencia, a ninguna diligencia y hasta ahora he tenido el honor de conocer en persona al licenciado Ferrer MacGregor, nuestro juez o que aparece como juez de algo o de alguien.

Estamos ante una ficción incomprensible, que no se puede calificar con exactitud. El Código Penal, el Código de Procedimientos, los conceptos del Derecho, su filosofía, nada de todo esto nos proporciona la respuesta que intentamos obtener acerca de lo que significa, lo que contiene y la razón en que se funda el acto, a todas luces, extraordinario, que aquí nos reúne.

¡Vaya! Ni la imaginación ni la fantasía del Ministerio Público podrían sernos útiles, pese a que nos ha demostrado que las posee en alto grado, durante su intervención en esta Audiencia. Y aun su lógica, que corre pareja con aquéllas.

Es una lógica basada en un sistema de extrapolaciones de las cuales deriva, entonces, un encadenamiento causal que le resulta así muy fácil. Nos acusa, en el capítulo del delito de "daño en propiedad ajena", de todos los perjuicios y destrozos ocasionados por las demostraciones callejeras.

"Ver para creer" eran las palabras con las que designaba a este método uno de los testigos de la Pasión, Santo Tomás, a quien se le conoce como El Tonto, para distinguirlo de Tomás de Aquino, el teólogo, que no tenía nada de tonto.

Estamos aquí, en este lugar al que se nos ha traído, para asistir a una extraña función, cuyos fines verdaderos es precisamente lo que tratamos de poner al descubierto. Como vemos, el método de Santo Tomás el Tonto, nos conduce a bien poca cosa.

Sin embargo, no ha de ser tan malo, por cuanto que es el método que aplicó el Ministerio Público para hacernos llegar hasta aquí... en este acto, reunión, concurso, entrega de premios o lo que sea -pues puede serlo todo, hasta campeonato de insomnio, en que, a fuerza de ser justos, el señor juez se llevaría el primer premio, ya que es el único a quien la ley obliga a no dormirse-, campeonato o concurso al que nos hemos visto en la necesidad de asistir al margen de nuestra voluntad.

El Ministerio Público está obligado a creer en lo que dice. La ley exige que sus acusaciones se funden en pruebas, puesto que nadie puede creer en nada si no se le ofrecen las pruebas de aquello que se le dice, o si las pruebas salen de la nada. De otro modo el Ministerio Público no sabría ni conocería las causas por las que cree que nosotros somos esos mismos delincuentes comunes sobre quienes pide que recaigan determinadas sentencias.

El Ministerio Público... para obtener las pruebas que necesita, debe entonces ver, oler, gustar, oír y tocar los hechos. Ahora bien, como una sola persona no puede hacer todo esto respecto a todos los hechos, y ni siquiera por lo que respecta a un solo hecho aislado, el Ministerio Público dispone de un órgano de los sentidos con el cual olfatea, acecha, vigila, espía, escucha, y establece los hechos (esto por cuanto hace a los sentidos de la vista y el oído); y toca, palpa, estruja, hiere, tuerce, lastima a las personas (esto por lo que se refiere al sentido del tacto), para finalmente, saborearlo todo (esto por lo que se refiere al sentido del gusto). Dicho órgano de los sentidos tiene su nombre: Dirección General de Averiguaciones Previas.

Pero aquí parecería que omitimos un sentido: el del gusto. En efecto, porque tal órgano de los sentidos no tiene gusto propio. La Dirección de Averiguaciones Previas no huele, no oye, no ve, no hace nada que no sea de acuerdo con el gusto del Procurador. Y de éste ya se sabe a qué gusto obedece.

El Ministerio Público cree, desde el principio, en la culpabilidad que se desprende de las pruebas, con la creencia inmediata de Santo Tomás el Tonto. El juez se tarda un poco más en creer, con la cautela reflexiva y más conservadora de Santo Tomás el teólogo. Pero el agnosticismo teológico del juez resulta de muy corta duración. No dura sino el plazo de las 72 horas en que debe dictar el auto de formal prisión.

El juez cree en el delito del acusado como una presunción, como una probabilidad. En cambio el Ministerio Público cree en el delito como una certeza.

En el caso nuestro, no obstante, se produce un fenómeno curioso enormemente revelador. La diferencia entre presunción y certeza se disuelve, desaparece, y unifica los dos conceptos de las diferentes atribuciones del juez y del Ministerio Público en una sola e indivisible relación conceptual: la evidencia, para ellos, de que no somos procesados políticos, sino delincuentes comunes.

¿Qué significa esto? Significa precisamente que la distinción que obra a favor de los presos comunes al considerarlos presuntos responsables de la comisión de un delito, en nuestro caso es nula, no obra, no existe y nos condena de antemano, puesto que ya se nos considera autores de robos, depredaciones y homicidios, desde que el juez dictó la formal prisión, y no se trata sino de establecer el grado en que cometimos dichos delitos, por lo que el juez ya tiene listas las sentencias.

¿Cómo calificar esta actitud, ya no de este señor juez y los representantes del Ministerio Público, aquí presentes, sino del Poder Judicial que la tolera y la aprueba sin que a sus integrantes se les caiga la cara de vergüenza?

La unilateralidad, la parcialidad, el carácter dogmático, excluyente, autoritario e impositivo del concepto con que se nos impide el acceso a la definición de procesados políticos, en virtud de su propia naturaleza, deviene, en la realidad práctica de los hechos, como parcialidad amañada, facciosa, partidista, de la conducta misma del Poder Judicial.

Por cuanto el Ministerio Público (o sea la Procuraduría de Justicia), y el juez (o sea, la interpretación de la ley), funden sus atribuciones en una sola y unificada actitud, quiere decir que este expediente puede funcionar, a voluntad y de modo idéntico, en cualesquiera circunstancias y al margen de la ley, cuando así lo requieran los intereses políticos de la persona encargada del mando supremo de la República.

Cuantas veces se ha requerido al señor presidente de la República por nuestra libertad, mantiene invariablemente una rígida y lacónica respuesta: "Están en manos de sus jueces", dice el Jefe del Poder Ejecutivo.

¿Quiere decir esto, entonces, que el ejecutivo considera jueces a estas personas, a estos señores, ante quienes comparecemos para que nos sentencien a seis, siete, trece, dieciocho, veinte, veinticuatro, treinta, cuarenta y hasta cincuenta y nueve años de prisión, como lo reclaman los representantes del Ministerio Público? ¿Penas que exceden los años de vida que tiene la mayor parte de los jóvenes acusados, algunos de los cuales son adolescentes que yo mismo he visto crecer aquí, que han aumentado de estatura aquí, durante los casi dos años de prisión que llevamos?

Estos representantes de los poderes políticos de la nación -los del Ejecutivo y del Judicial- se asocian como personas para desdecir de la representación que ostentan para mistificar y falsear sus funciones; para convertir en espurios tales poderes, alterar el sentido de la misión que tienen, conculcar la ley y subvertir, con ello, el régimen de derecho que debiera normar la existencia de la República. Se asocian, entonces, para delinquir: constituyen en suma, una asociación delictuosa.

¿Pero es acaso ésta toda la realidad institucional, es decir, anticonstitucional, que impera en el país? No, ni con mucho. No es necesario mucho ni ir demasiado lejos para considerar, en sus términos reales, lo que es, en México, el Poder Legislativo.

Por poco que se mire a través del prisma de los bajos intereses y las ruines pasioncillas en que se descomponen los elementos que integran el Poder Legislativo; por poco que se mire a través del prisma político con el que se revelan los colores miméticos que adoptan estos corpúsculos legislativos, en seguida aparece la banda presidencial.

Por supuesto no nos referimos a la banda simbólica con que se significa, en el pecho de un presidente de la República, el ejercicio del Poder Ejecutivo. No. Nos referimos a la banda de turiferarios y maleantes políticos que aparecen a cada nuevo cambio de representantes de ambas cámaras ya bajo un nombre u otro. Banda que se organiza para servir los designios y mandatos de la Presidencia de la República, cualquiera que sea el presidente en turno.

Hay que repetirlo. La no existencia de presos políticos ha terminado por convertirse, para el régimen, en un punto neurálgico, donde hace crisis toda la demagogia de su estructura. En México no hay presos políticos porque le disgusta mucho al presidente que se lo digan. ¿Le irá a disgustar del mismo modo al futuro presidente de la República?

En su IV Informe de Gobierno, el primero de septiembre de 1968, el presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, declaró ante la representación nacional, solemnemente reunida para escucharlo: "No admito que existan 'presos políticos'; preso político es quien está privado de su libertad exclusivamente por sus ideas políticas, sin haber cometido delito alguno".

¿Quién es, constitucionalmente hablando, el C. Presidente de la República para afirmar ante el Congreso reunido en pleno, ante la Suprema Corte, sus ministros y sus magistrados, también ahí presentes; quién es -repetimos- el C. Presidente para decir y afirmar en forma categórica, ante los otros dos poderes de la Unión: no admito que existan presos políticos?

No es el Poder Ejecutivo el órgano que tenga facultad alguna para admitir o no la condición jurídica, real o supuesta, en que se encuentren las personas que han perdido su libertad en el país. No es el presidente de la República el que puede calificar a su antojo -o fuera de su antojo- la naturaleza de unos delitos u otros; de ninguno, para decirlo con toda claridad. No es el presidente de la República la persona con autoridad alguna para decidir qué son y qué no son las ideas políticas, ni siquiera qué son las simples ideas, políticas o no.

No hubo un solo diputado, un solo senador, un solo magistrado que elevara su voz de protesta contra aquel delito de Estado que se perpetraba delante de ellos, delante de sus propias y respetabilísimas narices.

No hubo entre esa gente ningún Serapio Rendón, ningún Belisario Domínguez, ningún Fidel Jurado. ¿Y cómo iba a haberlos?, hace muchos, muchísimos años que el Poder Legislativo no da hombres de esa calidad.

Esta historia real en la que se enuncia el México nuevo, se hace visible, después de años enteros de silencio y sumisión, en las grandes manifestaciones democráticas de la juventud del año 1968.

El reverso de esta historia, su negociación, la antihistoria de México, se objetiva y se expresa a partir de las palabras del presidente Díaz Ordaz, vertidas en su IV Informe de Gobierno.

De esas palabras se produjo, inmediatamente después -a los 18 días y cuando el día 13 había desfilado por las calles de la capital una manifestación, la más ordenada, la más disciplinada, de cuantas había habido hasta entonces, la Manifestación Silenciosa de la Universidad entera y de todos los estudiantes de educación superior-, la ocupación militar de la Ciudad Universitaria, y luego, el 2 de octubre, la matanza de Tlatelolco. El presidente anunció esto desde el primero de septiembre y advirtió claramente que dispondría del Ejército, apoyado en el Artículo 89 de la Constitución. Ya veremos más adelante cómo el presidente se apoyó de un modo falso, espurio, mañoso, tramposo, en este artículo constitucional.

Del Informe Presidencial de septiembre de 1968 hasta los procesos de 1970 contra los presos políticos, hay un lapso cargado de enormes significaciones históricas. Es comprensible que el Ministerio Público y el juez que habrá de sentenciarnos estén negados para comprender estas significaciones.

Cuando menos esto expresa, sin ninguna duda, la razón que lo mueve a inventar delincuentes comunes donde sólo existen, real y verdaderamente, procesados políticos.

Ahora quiero decir unas cuantas palabras respecto a las acusaciones personales que formula contra mí el Ministerio Público. No me voy a ocupar sino de una sola de ellas. Son tan banales y tontas las acusaciones que lanza el Ministerio Público, que resultaría ocioso repetirlas aquí. En algunas de ellas, por ejemplo, se me acusa de usar barba. Se dice "alguien al que llamaban maestro Revueltas, que en la Facultad de Filosofía dio una conferencia sobre la autosugestión (así literalmente, en lugar de autogestión) usa barbas y además habló de un personaje legendario, el Tlacatecuhtli, al que comparó con el presidente de la República...". Se comprenderá que no quiera ocuparme de estas tonterías.

Pero me interesa una de las acusaciones del Ministerio Público, no porque no esté de acuerdo con ella, sino porque no sabe formularla. Me acusa de ser partidario de la dictadura del proletariado. ¡Por supuesto que soy partidario de la dictadura del proletariado! Pero no de la que inventa el Ministerio Público y que pretende que sea aquella por la que luchamos. Dice el Ministerio Público que intentamos cambiar la esencia de México o de su Estado. ¿Cambiar su esencia? ¡No, señores del Ministerio Público! ¡Encontrarla, descubrirla!

Pero no sólo por cuanto a México, sino por cuanto al mundo. Tal fue, tal es el sentido del año de 1968. ¿Qué representa 1968 si no es la búsqueda de esta esencia, la desmitificación de la realidad enajenada? Lo estamos demostrando hoy, en 1970, al desmitificar este proceso, al demostrar su irrealidad y demostrar la irrealidad histórica del régimen que nos gobierna. 1968 es el inicio, por la juventud de México, del proceso desenajenante que dará al país una historia real, por primera vez. Porque no tenemos esa historia. Se ha falseado esa historia, como historia escrita y como historia política y social. No que el movimiento de 1968 se propusiera instaurar la dictadura proletaria. Muy lejos de ello.

El movimiento de 1968 habla de un lenguaje proletario en virtud de una razón histórica. Porque diez años antes había sido aplastada la huelga ferrocarrilera, y en esta huelga, todos los sectores de la sociedad veían la perspectiva de su propia independencia política, aplastada a su vez por el totalitarismo del monopolio, que no deja respirar a la nación, que la asfixia, que no la deja vivir.

En México no es una clase determinada la que tiene el mando. Es un "club del Poder", por encima de la sociedad, que disgusta y oprime a los más vastos sectores sociales, entre los que se encuentran ante todo, la clase obrera y las clases medias.

Se trata de desmitificar al país de su raíz. Y aquí volveremos a la naturaleza de nuestro proceso. El presidente pudo asumir la responsabilidad de lo ocurrido en 1968, la responsabilidad "moral, histórica, jurídica" y todo lo demás, porque ya contaba con la complicidad previa del Congreso y del Poder Judicial desde su IV Informe de Gobierno. El presidente se sirvió mañosa, arteramente, tramposamente del Artículo 89, fracción VI de la Constitución, en el cual pretendió apoyarse para llamar al Ejército y arrojarlo contra el pueblo.

El presidente Díaz Ordaz se apoyó, pues, mentirosamente, en este artículo de la Constitución, pues para decretar la movilización general del Ejército, se requiere la autorización del Congreso.

Terminaré con una evocación que no puedo llamar de otro modo, por su cursilería, que como una evocación patriótico-sentimental. La ha suscitado en mí, la naturaleza de nuestras próximas sentencias. Nuestra sentencia ya está decidida de antemano. No depende de nuestros supuestos delitos. Nada tiene que ver con los principios constitucionales, con el respeto a la democracia, ni con la Ley, ni con el Derecho. Nada tiene que ver con la realidad, aunque sus efectos serán muy reales, en los años de cárcel que a cada uno de nosotros le correspondan. Está decidida porque "en el cielo de nuestro destino (político) con el dedo de Dios se escribió".

Y todos sabemos quién es ese Dios, quién es ese Tlacatecuhtli sexenal, que ata los vientos y desata las tempestades. Pero, ¿podrá detener el tiempo de la historia?

24 de septiembre de 2018

MÉXICO 1968-2018 :: Mas si osare un extraño enemigo profanar con sus plantas tu suelo.


La Ocupación de Ciudad Universitaria

“… De manera explícita o intuitiva, el gobierno interpretó que para él era mucho más peligroso el avance logrado en las filas del movimiento, la unidad, la conciencia y disciplina de los estudiantes, que los enfrentamientos y la violencia que se podía derivar de la represión y las provocaciones de la policía. Por eso decidieron invadir la Ciudad Universitaria para detener al CNH, apenas cinco días después de la manifestación silenciosa y sin que mediara ningún pretexto para ello”.
--Raúl Álvarez Garín.

“… Cuando empezaron a pasar los tanques y transportes de paracaidistas rumbo al sur, el teléfono no cesó de repiquetear: “gracias señora, no se preocupe… si señor, vamos a evacuar… gracias compañero… como no, compañera…” Total, en todas las Escuelas y Facultades recibimos el aviso de que el ejército venía para CU, pero nadie se preocupó por sacudir al CNH, que acababa de iniciar su reunión… Cuando ya estaban en las puertas de la UNAM los primeros tanques, un muchacho corrió por encima de los cuates que le exigían su pase de delegado, entró hasta la sala de sesiones, hizo el anuncio estrepitosamente. El consejo entero se indignó: “¡Bastante molesto es empezar la noche con solo unos cuantos delegados para que, además ni siquiera se pueda trabajar en paz y sin interrupciones!”. Los delegados siguieron hablando pinchemil cosas. Diez minutos más tarde entró otro compañero quien con toda calma informó:
Aquí abajo, en el estacionamiento de la Facultad se están acomodando los tanques y los transportes ligeros de los paracaidistas. Si quieren salir, apúrense, yo ya me voy.
--Luis González de Alba.

“La ocupación de Ciudad Universitaria consistió en una operación doble; la primera acción pretendía tender un cerco desde Radio Universidad a Copilco, pero en realidad fue incompleto porque presentó muchas dificultades cercar la zona pedregosa, donde lograron escapar muchos maestros y estudiantes; la segunda parte de la operación fue un cerco en la Facultad de Medicina donde se reuniría el CNH, pero ocurrió que, como siempre, a todos se nos hizo tarde; la impuntualidad de sus miembros fue lo que a la postre ayudó para que no se capturara al CNH.”
--Gilberto Guevara Niebla.

Directiva de Operaciones

Misión del Destacamento Militar “Restauración”

Ocupar Ciudad Universitaria a partir de la hora H del día D, capturando a los agitadores del comité de huelga que han estado tratando de subvertir el orden constitucional, poniéndolos a disposición de las autoridades civiles competentes, punto.

Idea de Maniobra

Dividir en cuatro zonas de acción la Ciudad Universitaria, asignándolos a cada uno de los cuatro primeros Agrupamientos para que en forma simultanea, orienten su esfuerzo en la ocupación de cada una de sus respectivas zonas de acción, capturando los puntos críticos dentro de la misma, concluyendo con la detención y entrega a las autoridades competentes de los agitadores del Comité de Huelga que se encuentren en su interior, punto.

Con los Agrupamiento números 5 y 6 y en acción simultanea a la de los números 1, 2, 3 y; ejecutar una acción de envolvimiento para aislar la Ciudad Universitaria, taponeando las salidas a toda persona a pie o en vehículo y al mismo tiempo convertirse en la reserva general del Destacamento Militar “Restauración”, punto. S.D.N. (Secretaría de la Defensa Nacional), EMP (Estado Mayor Presidencial).


18 de septiembre


Los soldados desalojan de las distintas instalaciones universitarias a estudiantes, padres de familia -que en ese momento celebraban una asamblea en la Escuela de Economía-, maestros, funcionarios y empleados de la UNAM. Todos ellos son transportados en vehículos militares y conducidos a la explanada de la rectoría. Los detenidos son obligados a colocar las manos detrás de la cabeza; a la mayoría de ellos se les ordena colocarse de pecho a tierra. Entre tanto, los soldados, fusil en mano, con la bayoneta calada, se mantienen vigilantes. La operación se lleva a cabo sin que “ninguna de las personas que se encontraban en el interior de la CU presentara resistencia”.A las 22:50 horas, un grupo de cinco soldados comienza a arriar la bandera que está “a media asta desde que el rector la colocó en ese sitio el pasado 29 de julio”; los detenidos se ponen de pie y entonan el Himno Nacional, prorrumpen también en vivas a México y a la Universidad. Al terminar de arriar la bandera, los soldados ordenan a la gente que se tienda de nuevo en el suelo.


19 de septiembre


La acción estudiantil revistió dos características:

1) La amplia acción de las brigadas que trataron de organizar mítines en las zonas industriales que se encontraban entre el Casco de Santo Tomás y Zacatenco y…

2) Protesta estudiantil masivas alrededor de los centros de estudio y en toda la zona del centro de la ciudad.

Hubo enfrentamientos en las cercanías de CU, quema de tranvías y camiones, choque entre estudiantes y granaderos en la Alameda Central, la Ciudadela, el Zócalo, en Reforma, en Bucareli, Zacaenco y San Juan de Letrán. Se desarrolló una gran actividad en Zacatenco, Ciudadela (Voca 5), Casco de Sto. Tomás y la Voca 7 de Tlatelolco.

El Rector Barros Sierra llamó a los universitarios a defender la UNAM, a “no abandonar sus responsabilidades”. La Secretaría de Gobernación declaró que el ejército saldría cuando las autoridades universitarias lo solicitaran. Era claro que el intento del Estado mexicano era ignorar la movilización y el descontento estudiantil y solo reconocer la autoridad de la Rectoría Universitaria, que poco a poco se plegaba a su política.

En desplegados aparecidos en todos los diarios, la burguesía organizaba en sus cámaras nacionales expresó su apoyo a la represión.


20 de septiembre


El Estado a través de sus diputados lanzó ataques al Rector responsabilizándolo del furor estudiantil y de permitir el uso irracional de la maquinaria y las instalaciones (desde los primeros días de huelga se tomó Radio UNAM para difundir la lucha).


21 de septiembre


Hubo enfrentamientos en Nonoalco-Tlatelolco en una batalla de 7 horas, hacia las 7 de la noche los estudiantes tomaron 16 autobuses y con ellos formaron barricadas, tapando las principales avenidas de la unidad; del lado estudiantil luchaban estudiantes de la Voca 7, las prevocacionales 4 y 1, las preparatorias 9, 4, 3, 2, 1 y las escuelas profesionales del Casco de Santo Tomás. Residentes de la unidad lanzaban platos, botellas y agua hirviendo. Los estudiantes atacaban con rapidez y huían a los edificios de la unidad, desde donde resistían lanzando bombas molotov, palos y piedras.

La policía no podía derrotar a sus opositores, debido a sus posiciones estratégicas, arrojaban bombas lacrimógenas a los edificios y fueron provocados dos incendios, uno en la Secretaría de Relaciones Exteriores y otro en el ISSSTE. Hacia la media noche las fuerzas públicas fueron reforzadas por elementos de la policía montada y agentes del servicio secreto, todos armados con rifles M-1 con la instrucción de “calmar la situación a toda costa”. Después de las 7 horas de pelea, el ejército se hizo cargo de la situación con efectivos del 43 Batallón de Infantería y 9 unidades blindadas, el saldo fue de 3 muertos, más 20 granaderos heridos, civiles heridos por armas de fuego, intoxicados, decenas de heridos por golpes y varios cientos de detenidos. En total los estudiantes se apoderaron de 51 autobuses.


22 de septiembre


En la U de NL continuaron el paro las Facultades de Medicina, Ciencias Físico-Matemáticas, Arquitectura, Agronomía.

La Universidad de Yucatán realizó una marcha silenciosa en protesta por la entrada del ejército a las Universidades.

En Cuernavaca las brigadas estudiantiles de la Universidad de Morelos recorrieron la ciudad y los pueblos aledaños.

La Universidad Autónoma de Baja California Sur anunció huelga general como forma de apoyo a los estudiantes y al pueblo del D.F.

La Universidad de Chihuahua prolongó la huelga en las escuelas de Ingeniería, Derecho, Medicina, Filosofía y Letras, Contabilidad y Administración, Técnica de Química y Preparatoria Diurna.

El Sindicato de trabajadores de la U de NL manifestó su apoyo al movimiento estudiantil y protestó por la represión sufrida por el pueblo y en particular por la entrada d el ejército a las escuelas.

Diversos grupos y organizaciones colombianas protestaron en ese país por la ocupación militar de la UNAM.

Hacia las 12 del día el ejército dejó de patrullar la zona de Nonoalco-Tlatelolco. Inmediatamente los estudiantes retomaron la actividad. La Voca 5 fue ametrallada 3 veces en el transcurso del día por bandas de provocadores, así como las preparatorias 5 y 9; esto sucedió también en el Colegio de México, la Voca 7 y la Prepa 8.

El Rector Renuncia


“Sin necesidad de profundizar en la ciencia jurídica, es obvio que la autonomía ha sido violada (…) Me parece importante añadir que, de las ocupaciones militares de nuestros edificios y terrenos, no recibí notificación oficial alguna, ni antes ni después de que se efectuaron (…) Los problemas de los jóvenes sólo pueden resolverse por la vía de la educación, jamás por la fuerza, la violencia o la corrupción (…) Estoy siendo objeto de toda una campaña de ataques personales, de calumnias, de injurias y de difamación. Es bien cierto que hasta hoy proceden de gentes menores, sin autoridad moral; pero en México todos sabemos a que dictados obedecen. La conclusión inescapable es que, quienes no entienden el conflicto, ni han logrado solucionarlo, decidieron a toda costa señalar supuestos culpables de lo que pasa, y entre ellos me han escogido a mí (…) Por ello es insostenible mi posición como rector, ante el enfrentamiento agresivo y abierto de un grupo gubernamental. (…) En virtud de las consideraciones anteriores, me veo en la imperiosa necesidad de presentar mi renuncia irrevocable”. Javier Barros Sierra, Rector de la UNAM.


La Defensa Heroica del Politécnico

“El ataque al Casco de Santo Tomás, el martes 24 [que se inició el lunes 23] de septiembre, no nos halló completamente desprevenidos, como a los universitarios, porque muchos días antes habíamos tomado precauciones. Almacenamos bombas molotov, resorteras, piedras, palos, cohetones, cohetes, petardos –realmente logramos juntar una buena cantidad de bombas- y accionábamos los cohetones por medio de una especie de cerbatanas, un carrizo o un tubo largo, haga de cuenta una pequeña bazuka. No hacían daño, no podían herir a nadie, pero si estallaban muy fuerte en el aire; su estampido desconcertaba a los granaderos y los asustó durante varias horas. Así pudimos mantenerlos a raya, por lo menos hasta la llegada del ejército. El enfrentamiento con los granaderos se produjo a las seis de la tarde; a esa hora comenzamos y se prolongó hasta el anochecer cuando entró el ejército. Llegó la policía montada; trajeron armas de fuego y pronto se oyeron los disparos contra los edificios. Los edificios cercanos fueron bombardeados con gases lacrimógenos y de ellos salieron hombres, mujeres, niños que fueron aprehendidos. ¿Qué culpa tenían ellos? Lo que fue muy dramático y nos indignó a todos es que llevamos a nuestros heridos a la Escuela Superior de Medicina y poco después la ocuparon los granaderos”.
--Félix Lucio Hernández Gamundi.

“Los enfrentamientos en el Casco de Santo Tomás el lunes 23 de septiembre fueron más violentos y prolongados. El asedio policiaco, con la intención de ocupar las instalaciones centrales del Politécnico, se prolongó desde las 11 de la mañana, hasta pasada la medianoche cuando intervino el ejército. La policía estuvo agrediendo todo el día y los estudiantes respondiendo en la medida de sus recursos. Al principio y por acciones de contragolpe, el incendio de jeeps, motocicletas o de transportes mayores contenía temporalmente las agresiones. En la tarde, la policía fue ocupando una a una las escuelas, empujando a quienes resistían hacia Canal 11, Enfermería y los edificios de la Escuela de Ciencias Biológicas. En esa escuela se ofreció la última resistencia antes de que las fuerzas del ejército definieran totalmente la situación. En los combates del Casco se registraron numerosos heridos graves y la prensa del día siguiente reportó que se encontraron estudiantes muertos en los sótanos de Ciencias Biológicas, pero solo se dieron dos nombres… y nunca más se volvió a mencionar y menos a investigar el caso.
--Raúl Álvarez Garín.


Directiva de Operaciones del Ejército


“El día 23-SEP-68 continuaron los disturbios estudiantiles y en le área del Casco de Santo Tomás los alborotadores se enfrentaron a la policía atacándolos con armas de fuego, por los que posteriormente se generalizó la balacera.”

Misión del Destacamento Militar “Restauración”

a. Ocupación de instalaciones del I.P.N. en Zacatenco y Santo Tomás, punto
b. Captura de elementos subversivos que se encuentren dentro de las instalaciones y su consignación a las autoridades civiles correspondientes, punto

Idea de Maniobra

a. En un primer tiempo el Destacamento Militar íntegro ocupará las instalaciones localizadas en Zacatenco, por medio de una acción simultanea de ocupación de puntos críticos (edificios y áreas más importantes) por parte del Ejército y con patrullas de la Policía, taponear los accesos al área tanto de entrada como de salida, punto

b. En un segundo tiempo y con los elementos disponibles del Destacamento Militar, efectuar similar maniobra en el Casco de Santo Tomás, punto.

S.D.N. (Secretaría de la Defensa Nacional), EMP (Estado Mayor Presidencial).


23 de septiembre


El CNH repartió volantes en Tlatelolco en los que se agradeció a los vecinos por su solidaridad y los citó a las 5 p.m. a una asamblea. Hubo un asalto en la Voca 7 y un intenso tiroteo de parte de los provocadores, además los granaderos golpearon y detuvieron a los que estaban de guardia.

Ese día se desarrolló una de las más importantes y violentas batallas del movimiento estudiantil del 68’: los choques en el Casco de Santo Tomás que demostraron el avance cualitativo en las técnicas de enfrentamiento por parte de los estudiantes pues con una amplia visión se alistaron los pertrechos y se definieron los puntos estratégicos de la defensa.

Hacia las 6 de la tarde una hora antes de la llegada de los granaderos secuestraron 30 vehículos para formar las barricadas, se hicieron zanjas y derribaron postes con el fin de impedir el acceso de los carros policíacos. Cuando mil quinientos granaderos rodearon el Casco de Santo Tomás fueron quemados los autobuses y a las 8:30 de la noche los estudiantes procedieron a la defensa con bombas molotov (que son de fabricación muy sencilla pues solo se requiere una botella, gasolina, un pedazo de trapo y cerillos). El tiroteo se hizo más tupido hacia las 9:30, cayendo heridos por los dos bandos; los granaderos lanzaban gases lacrimógenos pero eran replegados por las bombas molotov.

A las 11:30 cientos de granaderos apoyados por tiros de fusilería tomaron el Casco y detuvieron a 350 estudiantes. El ejército intervino y los disparos siguieron aunque espaciados, hasta la madrugada; la zona fue declarada de peligro.

El Rector de la UNAM presentó su renuncia, entre otras cosas calificó de irracional a los jóvenes y dijo haber hecho lo posible por llevar la razón al movimiento. En síntesis renunció por que lo querían culpar de ser el causante del movimiento estudiantil… y desde luego que el movimiento fue mucho más que la acción de una sola persona.


24 de septiembre


El centro de operaciones se redujo a Tlatelolco puesto que estaban tomadas las escuelas. Se realizó un mitin y se suscitó un enfrentamiento con los granaderos que fue sofocado por los gases lacrimógenos; a las 6 de la tarde se organizó un segundo mitin al que asistieron cerca de 2 mil personas entre estudiantes, habitantes de Tlatelolco y pueblo en general; tomaron la palabra 5 oradores que pidieron al pueblo ayuda moral y económica, entre ellos una mujer en representación de inquilinos de la unidad y anunció que no pagarían sus departamentos mientras que no se solucionara el conflicto citando a sus representados a un mitin frente a la Cámara de diputados. El CNH hizo un llamado para realizar otro mitin de protesta el 27 de septiembre en la Plaza de las Tres Culturas, ahí en Tlatelolco.

Profesores de la UNAM dijeron que si se aceptaba la renuncia del Rector ellos también dimitirían en masa; gran número de organizaciones universitarias pidieron que no se aceptara la renuncia.

Los estudiantes de Chihuahua acordaron realizar el 26 de ese mes una marcha silenciosa por la ciudad, portando listones negros en señal de protesta por la represión y opresión militar.

El Rector de la Universidad Autónoma de Oaxaca protestó por la ocupación militar de la UNAM e instó a los alumnos (en paro de solidaridad) a que abandonaran las instalaciones para evitar que fueran ocupadas por el ejército.

En Veracruz fue cesado el profesor que participaba en la huelga.

Avanzaba también la solidaridad internacional: en las universidades de Nueva York y Columbia (E.U.), se acordó llevar adelante manifestaciones en apoyo a los estudiantes mexicanos el 28 de septiembre. La asociación de estudiantes guatemaltecos protestó por la ocupación militar de la UNAM y por la represión sufrida por el movimiento estudiantil mexicano.


BIBLIOGRAFÍA:
La Estela de Tlatelolco, Itaca, Raúl Álvarez Garín.
La Noche de Tlatelolco, Ediciones Era, Elena Poniatowska.
Cronología del movimiento estudiantil mexicano de 1968, Consuelo Sánchez.
Parte de Guerra, Nuevo Siglo, Julio Scherer/Carlos Monsiváis.
Por un 68 Vivo y Combativo, Colectivo Editorial Vanegas Arroyo, CLETA.
Cronología del movimiento estudiantil mexicano de 1968, Consuelo Sánchez.

18 de septiembre de 2018

Sagarpa y Senasica niegan información sobre fumigación aérea, denuncia Seduma en Yucatán.

Tomado de: Yucatán Ahora | Compartido inicialmente por: Red de Apoyo al CIG T'Hó.

Mientras en el Senado presentan un atlas para proteger a las abejas, en Yucatán un empresario amigo de políticos poderosos las mata con una fumigación ilegal y descontrolada
Dependencias federales ocultan información de la ilegal fumigación aérea realizada por el empresario Jacobo Xacur Eljure, la cual provocó serios daños al sector horticultor y apicultor del Oriente del Estado, denunció el secretario de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (Seduma), Eduardo Batllori Sampedro.

Reprobó que no le proporcionen la información completa en torno a la problemática que se registró a finales de julio pasado, la cual también dañó la Reserva de la Biosfera de Ría Lagartos así como el manto acuífero, debido al químico utilizado así como las condiciones ambientales que habían en ese entonces.

Como oportunamente se publicó, a partir del pasado 30 de julio, un helicóptero esparció herbicidas y pesticidas en los ranchos San Martín, San Fernando, San Marcos, Dzonot Pinto y Rancho Alegre, los cuales son propiedad de Xacur Eljure, ubicados en Tizimín.

La fumigación aérea se realizó sin la respectiva licencia de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), y lo peor de todo, sin las medidas correspondiente para evitar daños a terceras personas.

Desafortunadamente, a consecuencia del viento y otras condiciones se afectó las áreas aledañas, principalmente las parcelas con calabazas, mató a miles de insectos, principales abejas, lacerando a los apicultores, además de dañar la Reserva y el manto acuífero.

Batllori Sampedro expresó que hasta el momento, tanto la Sagarpa como el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) le niegan la información sobre los permisos otorgados en este año para efectuar fumigaciones aéreas.

“Sólo han respondido que en 2016 y en 2017 dieron autorizaciones, pero no mostraron la documentación completa, y lo peor de todo, no dieron los datos correspondientes a 2018”, acotó.
Sin embargo, la Dirección General de Aeronáutica Civil aceptó que aprobaron la habilitación de puertos aéreos para fumigación.

Pero, se niegan a revelar si se efectuaron o no la respectiva fumigación aérea, actividad en la cual se utilizaría el herbicida 2,4D (diclorofenoxiacético) y “otro similar”.

El funcionario estatal aclaró que se tratan de “químicos muy potentes”, por lo que ahora investigarán si dichas sustancias forman parte de la familia de los neonicotinoides, los cuales actúan en el sistema nervioso central de los insectos.

El 2,4D es un herbicida efectivo, de acción sistémica, de baja volatilidad y usado en el control de la maleza de hoja ancha.

Finalmente, aclaró que se pidió a la Sagarpa y al Senasica de notificar a la Seduma en caso de autorizar las fumigaciones aéreas, con el objetivo de alertar a la población sobre la actividad y los daños que ocasionarían en su salud.

La savia del bagazo.

Por: Ilka Oliva Corado / Crónicas de una inquilina.

Nos hicieron creer que el progreso está en el cemento, que el cemento es el progreso. Nos hicieron creer que la industrialización es la prosperidad de las sociedades. Que para industrializar se tiene que deforestar despiadadamente y acabar con pueblos enteros: robándoles el agua, la tierra, la comida y cualquier medio vital de subsistencia. Esos pueblos, nos dijeron: no importan y que si se resisten hay que acabar con ellos a represión pura, por eso los genocidios que enlutan la memoria colectiva.

Nos dijeron que la civilización es un concepto necesario para la sobrevivencia de la humanidad, que nosotros los dóciles somos esos seres civilizados: en cambio los que se resisten a la imposición no. Los Pueblos Originarios y la plebe deben ser el enemigo a vencer. Nos dijeron también que en esa humanidad que conformamos solo caben los escogidos y que es exclusiva porque está conformada por la crema y nata. El suero debe ser desechado.

Para eso utilizaron un colador al que llamaron educación superior y a la que saturaron de clasismo, racismo, homofobia, patriarcado, misoginia, dogma, doble moral, estereotipos e insensibilidad. La cimentaron en la desmemoria. Nos sacaron de la savia del suero y nos hicieron creer que somos la crema y nata. Sí, a nosotros los sumisos.

Nos hicieron memorizar que un título de universidad nos separa de la manada y nos vuelve únicos y laureados: inalcanzables. Nos hicieron olvidar nuestro origen. Y memorizamos que no somos más plebe y que al contrario: somos los exclusivos licenciados, doctores, arquitectos, catedráticos, periodistas, empresarios en una jerarquía a la que jamás podrá acceder la muchedumbre. Nos hicieron creer que somos la crema y nata de aquel bagazo vuelto suero. Bagazo, le llamaron a la savia de nuestro origen y durante siglos lo hemos permitido y acuñado; nos hemos convertido en los cómplices laureados solapadores del abuso.

Con un título de universidad la crema y nata puede explotar a su propia clase, puede explotar a la muchedumbre de donde viene. Y la reprodujeron y la amontonaron sobre el pavimento en urbes que fueron creadas para su reclusión. Un centro de encarcelamiento masivo con apariencia de progreso, éxito, triunfo y estabilidad económica.

Y nos hemos creído celebridades: intocables e inmortales. Y pronto comenzamos a ser parte de la represión a la plebe que se resiste. Con nuestra pasividad de vasallos mientras nos distraemos pintando nuestras cárceles y llenando nuestras mazmorras de muebles, zapatos, bastedades de comida, aperchando títulos y diplomas para vivir de las apariencias necesarias de los seres exitosos.

Y aprobamos las mineras desapareciendo con esto a poblados enteros, lejanos a la urbe porque queríamos tener joyas dentro de nuestras cárceles para lucirlas entre los prisioneros y competir entre nosotros a ver quién es capaz de acumular más. Porque de eso se trata: de una competencia de acumulación de todo lo innecesario para vivir: el consumismo como extensión del capitalismo. Somos esa vena neoliberal y fascista de la destrucción masiva. Sí, tan fascistas como el que da la orden y el que aprieta el gatillo.

Afuera, en las lejanías de la urbe bañada de cemento, de la cárcel con aspecto de progreso, están los pueblos en resistencia luchando por su libertad, sin darse por vencidos, defiendo su identidad y su origen milenario. Defendiendo su derecho a la tierra, a la alimentación y a una vida en libertad. A pesar de que con nuestra aprobación y silencio de insensibilidad y dogma desde la comodidad de la crema y nata se implementaron dictaduras buscando exterminarlos en desapariciones forzadas, torturas y genocidios que aprobamos con la frialdad de los traidores a conveniencia. Y muy a nuestra conveniencia también, muchos de nosotros pretendemos desconocer para no meternos en problemas, problemas del tamaño de perder contactos que nos pueden servir de escalón.

Y como una dosis de dignidad y memoria la savia de nuestro origen nos sigue dignificando muy a nuestro pesar. Los “incivilizados” los que no conocen “el progreso,” los libres, salvajes y bravíos siguen luchando por nosotros aun con nosotros mismos en contra. Saben que son la savia del suero del que estamos hechos aunque nos creamos crema y nata.

Los que no conocen de la afamada “civilización” y que no conocen de cárceles de cemento y de competencias por la inmortalidad; conocen del campo, del aire puro, de la frescura de los ríos, de la fertilidad de la tierra, del canto del búho, del viento antes de llover.

Los “incivilizados” conocen de las hierbas que curan la nostalgia del alma, el abrazo hermano, la mirada que abraza, la voz que acaricia, la solidaridad que cobija. Saben de la unidad, de compartir, de la dignidad, de la honra. De la identidad. Conocen del respeto al ser superior que es la tierra y sus frutos. Conocen de la importancia del sol y la lluvia. De lo indispensable que son los océanos y los ríos, como la abejas. Saben que todo en este universo está entretejido y está ahí por una razón fundamental para la existencia de los ecosistemas y la sobrevivencia de todas las creaturas que lo conforman, ninguna con superioridad ante la otra.

Eso no lo enseñan en la universidad porque entonces formarían seres pensantes que analizarían y cuestionarían las imposiciones y el engaño de quienes durante siglos les han hecho creer que son la crema y nata. Nos descubriríamos marionetas. Cuñas. Fuertes murallas de vidas humanas adoctrinadas para la traición. Sabríamos que el cemento no es superior al musgo de las montañas ni a las hojas de los guayabos. Sabríamos entonces que el oro y los diamantes no son más importantes que el agua y la vida de las personas.

Sabríamos que los que subsisten somos nosotros, dentro de una enorme cárcel y que respondemos a patrones previamente estudiados para nuestro condicionamiento y nuestra reacción dogmática e insensible ante al abuso, mismo al que somos sometidos sin que nos percatemos porque lo disfrazan de progreso y triunfo. Conformamos cantidades exorbitantes de masa amorfa que maniobran a su antojo.

Pero mientras nosotros sigamos adormecidos en la avaricia del que tiene más, siendo las marionetas de quienes se creen dueños del mundo, la savia sigue resistiendo como lo ha hecho milenariamente, luchando para que el bagazo no siga siendo utilizado como herramienta de contención ante la lucha intempestiva de los pueblos por su libertad.

Ojalá un día las masas que viven encarceladas en la urbes de cemento, sepan que los cartones de universidad no les devolverán el agua de los ríos cuando las mineras los sequen, y que la frescura de los tomates no podrá ser superada por el oro, las lociones finas ni los contactos “importantes”. Ojalá que sepan que los contactos importantes también son una ilusión óptica de la vida de falsedades que ofrecen las urbes de cemento.

Ojalá algún día tengan la capacidad de pensar por sí mismas y unirse a la savia que con raíz de guayacán y flamboyán, se nutre de la dignidad y memoria para levantarse cada día para seguir resistiendo a la deslealtad, abuso y represión de los traidores.

Ojalá que llegue el día en el que sepamos que somos la médula, la yugular, el origen, la inherencia y la brasa viva. Ojalá que el despertar sea como una tempestad, como un enorme trueno, como un temblor desde el centro de la tierra, como un grito que retumbe en las entrañas de los cerros; un despertar que haga temblar a quienes se han creído los dueños del mundo y de nuestras vidas, y volvamos a nuestro origen para luchar junto a los nuestros para recuperar todo lo que nos arrebataron.

Ojalá…

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